Gioco

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Convivo con frases que cada día, cada una de mis vidas, me sirvieron para atajar o desbordar situaciones incómodas, trágicas, incomprensibles, lúdicas. Practiqué la entonación tanto que cada una de ellas iba aparejada a un semblante. En el colegio me llamaban Gioco, por Gioconda. Mi profesor Armando, de plástica, me echaba casi cada semana de su clase. Me preguntaba por qué pintaba sirenos si no existían ni en el imaginario. Me reprendía porque escribía frases en los bordes del lienzo, las caras con un ojo o tres, los bustos desnudos y los animales con pendientes en las orejas. Yo le miraba a los ojos, sin pestañear, como un juego de niños. “No encontrarás marido”, me decía, y cada día le respondía: “ni mujer”.

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Mi madre, viuda por incomparecencia de esposo desde que tenía un año, me sacó del colegio a los catorce, sin un reproche. “La cultura no da educación, Sira”. La frase.

-Buenos días. ¿Qué deseaba?

-Pan. ¡Qué pregunta!

-Buenos días. ¿Qué deseaba?

-¡Otra vez, pan!

-Buenos días. ¿Qué deseaba?

-Si espera que le diga buenos días, espere sentada.

-¿Quién va ahora?

-Señorita. ¿Se está riendo de mí?

-Buenos días, ¿qué deseaba?

-¡Buenos días, qué deseaba. Buenos días, qué deseaba. Buenos días qué deseaba! ¡Dejar de ver su cara, ya que lo pregunta!

-Póngase a la cola, entonces. ¿Siguiente?

 

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Expolio

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Me dijo la Guardia Civil que lo hicieron de noche, sobre las tres o las cuatro de la mañana. Al parecer, ayudados por herramienta bastante tosca y  de un cuatro por cuatro, lograron arrastrar unos metros el pívot para asegurar que no quedarían enfangados sin poder salir corriendo con su botín: una bomba IVECO, tres azadones Bellota, 150m de cobre. Allí dejaron medio caído el último tramo y las ruedas del tractor rajadas.

En mi cabeza hice números y decidí dejarlo. El que quiera allí tiene un montón de chatarra y una finca de doce obradas en barbecho forzado, arrasada por el glifosato que nos vendía Lomasanta. El majuelo de vino con las colmenas  se las vendí al Niceto; el tractor lo dejé para piezas en el taller de Pablito. El apero que compartía con mi primo Facundo se lo cedí, sin reclamar nada, a cambio de dar una vuelta a la casa de vez en cuando y retejar en caso de gotera. Saqué de la venta ocho mil euros aproximadamente. Calculo que me bebí unos tres mil y me metí por la tocha unos cinco mil.

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Al día siguiente, tras el robo, me vine a Madrid. Por algún motivo aparecí con un litro de cerveza en pleno abril frente al Museo de América. Bueno, era mi tercer litro, ya no lloraba, tan sólo sudaba e imaginaba la cara de los ladrones al rajar las ruedas.  Me recompuse como pude, aún pasarían meses sin orinarme encima, y encontré naves repletas de piezas resultado del expolio: figuras, urnas, vasijas, telas, enseres funerarios… Entonces, creo recordar,  sonreí y le dije al vigilante que al menos no les habían rajado las ruedas a los indígenas..

.

.

-Tengo una hogaza de pan blanco a nombre de Azucena Gavriel, con uve, no con b.

-Aaaazuuuucena Gavriel. Aquí está.

-Esta harina es molida a la piedra, supongo

-Esta en concreto sí aunque no es grano completo, si es a lo que se refiere. La blanca también se muele a la piedra  pero se le retira el salvado.

-Es decir, la harinera les roba parte del grano tras la molienda.

-Si usted lo quiere ver así…

-Y ustedes nos roban los nutrientes a los clientes.

-No es exacto. Nosotros compramos esta harina con estas características para elaborar nuestro pan, un tipo de pan.

-Ya. Y ustedes luego argumentan que su precio es justo, que no engañan a nadie.

– Así es. No lo hacemos.

– Eso lo dirá usted.

-Así es, eso se lo digo yo.

– ¡Usted qué va a saber! Esta harina es producto del expolio del molinero.

-No entiendo a qué se refiere.

-Usted no sabe el significado de expoliar, me temo.

– Es exactamente lo que me está haciendo usted ahora mismo. Se ha dado la vuelta camino de la puerta sin pagarme la hogaza, tras haberme robado mi tiempo y mi paciencia. Hogaza de trigo blanco: tres con ochenta, por favor.

Bolsas

De eso se trataba, de conseguir que el paso del tiempo detuviera los días de vino y rosas. Me trajo una fotografía de él con veintidós años. Al menos éste no me trajo las fotos de la comunión o de la mayoría de edad.

Apenas un lunar bajo la nariz y media docena, calculo, de pestañas canosas. Tenía un polvo, desde luego. Pero ahora….

Le habló de mí mi hermano con quien comparte sala en el Tariq. Según me contó ya nadie le decía qué bien te conservas, ni les traes locos, ni tan siquiera le miraban a los ojos. Según me confesó, él creía que a lo que le miraban era a las bolsas de los ojos.

-¡Qué agudeza visual tienes, no, para calcular el ángulo de las miradas del de enfrente!

No le hizo gracia. Acordamos la intervención, me pagó por adelantado y justo antes de la fecha de su blefaroplastia, de la liposucción a plazos de Candela de Agosta, de la rinoplastia en B de Jaime de Cózar, …, así hasta ocho operaciones aquel quince de febrero, justo antes entré en pánico. Me queda un juicio con la Candela por haberle dado esperanzas estando en mis manos y no haber cumplido el contrato.

-Mi niño, tengo que denunciarte. Amor, con las clientas que te he traído…..

.

.

.

Cirujano plástico, como mi padre, como creo que mi abuelo cuando remendaba miembros amputados

– ¿Pero qué haces aquí? No me lo quería creer pero es cierto.

-Ya ve Candela. Nos vamos a ver en pocos días dos veces.

-Amor, yo no quería pero me tuve que poner una Spanx talla S para la boda de mi ahijado porque nadie me daba garantías de estar recuperada de la lipo.

-¿Quieres bolsa para el integral?

-No pichón, traigo una.

-Yo te veo tres.

-¡Desalmado!

El candidato

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“Le llamamos porque  recursos humanos quiere ofrecerle la oportunidad de crecer con nosotros”. Es así como comenzó una entrañable relación de…, ¿tres horas?.

Hace cuatro meses la empresa “La Pampa Tech” me ofreció pertenecer a uno de sus equipos de dirección argumentando que, de lo que se desprendía de la información personal que había analizado el departamento de recursos humanos con la ayuda del algoritmo “Pompa”, -no es broma-, se deducía que en un 88,53% coincidía con el perfil que estaban buscando.

Llevaba ya acumulados cinco meses en el paro, a uno de perder la paga. Esto, junto al recuerdo de la última visita del casero, me empujaron a presentarme en sus oficinas, las de “la pompa de la Pampa”. (Este chiste no les hizo gracia, no).

El trabajo consistía en supervisar el trabajo de un grupo de ocho empleados dedicados a ensobrar cupones de fidelización. Sí, escuchad, “cupones de fidelización” de una compañía de decesos.

-A ver, que yo lo entienda. Ustedes buscan a alguien que revise cómo introducen cupones de descuento en sobres sus operarios. Saber si llegan a su destinatario en un plazo máximo de una semana, lo que viene a ser, sugún ustedes, lo que dura el duelo por el difunto.

-Así es, querido amigo.

-Y me dicen que este trabajo le parece el adecuado a su Pompita.

-Pompa.

-Pompa, sí.

-Los datos de que disponemos resaltan su alta eficacia y eficiencia en todo lo referente a trabajos manuales y artesanales. Nuestra empresa es  tradicional, familiar, en pleno desarrollo de nuevas estrategias de venta y fidelización.

-¿Dígame que esto no es una broma? ¿Díagame que esto no es un programa de cámara oculta?

-No lo es, se lo aseguro.

-Ajá. Pues lamento decirles que se han equivocado. No soy su candidato.

-Lamento decirle a usted que no tiene escapatoria. Es su trabajo y no obtendrá otro en esta ciudad. La implantación del algoritmo Pompa es de un 99% en el conjunto de empresas de la provincia.

-Es decir que queda un 1% de posibilidades, ¿no es así?.

-Así es.

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Cuatro insultos por mi parte, risas por la suya, indiferencia por parte de los ingenieros salvo por uno. En el ascensor que bajaba a la calle se acercó y me confesó:

-Si te sirve de algo, el once cuarenta y siete restante determinaba que serías un buen panadero.

-¿Panadero?

-Sí. Eso dice Pompa.

Y así es como hoy estoy aquí, trabajando en una panadería analógica, moldeando masa y ensobrando hogazas. Con pompas.

 

åtta

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“La construcción tiene algo romántico”, me digo mientras coloco ladrillo refractario en la panza del horno de esta panadería. Cuando pongo azulejos, o suelos, no es lo mismo, son fríos, son individuales, ninguno ayuda a otro a sostenerse, ninguno forma equipo. Pero los ladrillos…

Los ladrillos de barro macizos llevan aún la marca de la fábrica que les ha producido, como aquellos canteros del siglo trece que marcaban sus piezas para luego cobrarlas. Uno sobre otro, bien sujeta la plomada, los ladrillos forman hornos, paredes, techos, hornos.

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Con estos ocho dedos marcados por el trabajo, duros, ásperos, me he ganado esta “mierda de vida”, según mi profesor de último curso en la Grundskola. Nunca entendió por qué llevaba la gorra ladeada y yo tampoco quise explicárselo, lo que me valió un suspenso constante en su asignatura y la puerta abierta a la casa de oficios.

La gorra de lado la llevo y llevaba porque así, mietras repartía el pan en bicicleta por el barrio, el aire no doblaba la visera y me impedía ver. Sencillo, ¿verdad?. Si me lee, Viktor, que sepa que disfruto cada día que recuerdo su histeria ante mi silencio.

-¿Ahora una panadería?

-Ahora una panadería

-¿Pero no has visto a tu padre lo que ha trabajado?

-¿Y tú me has visto a mí, madre?

-Claro, por eso.

-¿Sabes cómo la voy a llamar?

-Sorpréndeme

-“Sida Bageri”, Panadería de lado.

-¡Si el señor Viktor lo viera! Podrías haber sido lo hubieras querido

-Por eso elegí este oficio.

 

 

Patrão

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Este viaje en el tiempo me ha dejado desubicado. Resulta que hace dos días, el 28 de junio de 1968 fecha de destino, era comentarista de carreras de galgos en el Wimbledon Stadium de Londres. Ahora mírame. Ya sabía de lo peligroso que era comprar un pasaje en la reventa pues, a veces, el código está defectuoso. Cuentan que la demanda es tan alta que aquellos viajes que te organizaban en una agencia, aquellos destinos que conocía el prescriptor por haberlos vivido antes y eran cien por cien seguros, ahora los confeccionan en Dreamazon y no hablas con nadie salvo que la cosa haya sido tan grave como para verte en medio de un campo de batalla. Tal cual.

He insistido en mis llamadas y al fin han descolgado. Tras explicarles que el viaje estaba siendo un desastre y que me quedaban tan solo diez días de vacaciones, me han preguntado qué tipo de actividad quería realizar. Que el dinero, como es obvio, no me lo podían devolver puesto que la compra había sido irregular pero que “la compañía hace un esfuerzo por complacer a aquellos clientes que dejaron de comprar por los cauces legales y vuelven a hacerlo bien”. (sic)

-Pues mire, querría algo tranquilo, artesano..

-Le podría gustar ser Jefe de cocina, Patrón,  en la corte de Jorge VI. Un compañero ha estado y dice que lo pasó bien. ¿Le cargo la aplicación?

-De acuerdo. ¿me da las coordenadas?

-Un momento por favor. Apunto: cocinero eeeennnn, eeeellll …..

-Espere, ¿y pastelero?

-…reinado deeee Joooorge…

-¿me escucha? Le digo que..

-Cómo dice caballero? ¿Pana…?

-¿Oiga, oiga?

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Resumiendo, que unas veces es la reventa y otras es todo. Ahora estoy en Madrid, en una panadería con gorro de cocinero, sin descanso, lleno de harina, sin saber si la próxima vez que llame para que me lleven a casa no apareceré en una villa romana siendo azotado por no haber puesto sal al pan. O quién sabe, siendo el patrão en una pastelería  haciendo Pastéis de Belém en el Chiado. Al menos, en este caso, estaré cerca de casa pero no sé en qué año.

 

#loboherido

 

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Me han dicho que vienes hoy por última vez a ver mi vivienda. Que es el día que vienes a comprarla, de verdad, con el de la agencia. Me dices que ves menos posibilidades que el primer día. Con la puntera de tus zapatos abotinados raspas las traviesas de madera que tengo por suelo para saber si se mueven y así pedirme un descuento. Además no entiendo de qué me hablas. ¿Cúando me habla el perro de presa que te has echado por “agente de la propiedad”?. Estoy a esto de decirte que la cueva, como la llamas, se la queda este lobo. Estoy herido, sí, pero he sobrevivido a envarados que me hacían rebanarles la baguette congelada porque su hijo “no la comía de otra manera”.

No paras de hablar y se me está acabando la paciencia. Te miro y no me desmorono, ¿te das cuenta? Te miro y no resuelvo con un zapatazo tus insinuaciones sobre mi soltería y lo grande de la casa.  Asumo que desconoces que trabajo de sol a sol aunque no quiero, por necesidad, porque abro mi obrador. Te miro a ti que eres la que me vas a pagar hasta el último céntimo y no él, que ya te lo ha cobrado.

Sí, otra vez, “tres habitaciones no son tantas como para que pueda hacer un gran salón y meter la boiserie de nogal”. Mírame ahora tú, pero no bajes la mirada. Mírame y dile a tu clienta lo que tú y yo sabemos, ex. Me debes la mitad de lo que queda de hipoteca. O se lo dices tú o lo hago yo. Me tiene harta. Cierra la compra ya,  ¿o no entiendes aún mi silencio?. Te estoy pidiendo….DSCF0716.jpg

-Aceptamos el precio.

 

*Ella es Lola. Ha sido la librera de la familia durante seis años, los que tiene Telmo. Este martes cierra su librería y mi hijo ha empleado por primera vez la expresión “estoy desolado”. Imagino que lo habrá leído en alguno de sus cuentos y calificará la noticia como lo que es, desoladora. Imagino que le recordará a “¿Mau-iz-io?”, o a “Comino”. Quizá, sólo quizá, comprenda que todo pasa por algo, que cuando algo acaba es porque algo mejor empieza, aunque nunca nos demos cuenta en un primer momento. Larga vida a El Lobo Feroz, y gracias.

Solo bueno

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Trabajar en la industria del azúcar me ha dado otra perspectiva sobre la vida. Cuando en el colegio mis padres escuchaban  que era “un niño dulce” imaginaban que en el instituto sería el líder y en la universidad el rector. Porque es así: si eres amable es porque eres dulce, si eres dulce, todo el mundo reconoce en ti madera noble.

Aquella azucarera me contrató porque ser el número tres de mi promoción les hizo sospechar que al frente de la factoría haría un gran papel ya que mi expediente literalmente decía, entre otra cosas: “Busca el bien común por encima del individual. Como representante de los alumnos defendió la autonomía y la libertad de opinión. Es lo más parecido a un líder. ”

La mañana del ocho de octubre del dos mil diceciséis busqué por última vez el bien común. Accedía a una entrevista, vía Skype, con un redactor del Baltimore Sun en la que argumentaba el porqué de mi decisión. “Un veneno. Mi empresa, en connivencia con otras tres, paga a profesores universitarios para desmentir  datos  y explicar las bondades del azúcar”. En una hora el vídeo estaba en youtube, en una hora y cuarto ningún compañero me hablaba. A las ocho de la mañana del día nueve me acercó mi secretaria una carta y me presentó a un muchacho de la empresa de mudanzas Fast. La carta de despido con membrete del consejo de administración,  la empresa de mudanzas enviada por ya, desde ese momento,  mi ex-pareja….

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-Querría un pan suave, más dulce que el integral.

-Cool!  Le puedo ofrecer un pan de centeno, notará…

-¿Le ponen un poco más de azúcar?

-¿Azúcar? Sugar?

-Bueno, caballero, no le voy a explicar cómo se hace el pan. Le hablo de agregar una cucharada más de azúcar y quitar un poco de sal, por ejemplo.

-¿Por ejemplo?

– O pueden bañarlos con glasa, como lo hace “La guinda del postre” en su canal de televisión.

– Yes, we can,  pero no.

– ¡Qué poca delicadeza! Parecía usted una excelente persona y veo que es un déspota.

– Only good. Solo bueno.

 

Aspiración

 

DSCF0872Sabía vender. Puerta fría, catálogo a domicilio, charlas incluidas en viajes a Benidorm y Guardamar…, pero lo dejé. No estaba preparado para la era del móvil. Saltó la alarma cuando vi a un cliente de unos setenta y tantos hablarle al teléfono:

“-As-pi-ra-do-ra-Fra-pi-lux-con-ca-pa-ci-dad-pa-ra-ma-sa-jes…

-Le digo que está testado por nuestros laboratorios suecos. Previene la calvicie y ayuda a que los folículos pilosos cumplan su función.

– ¿Es-u-na-es-ta-fa?

-Además usted no lo necesita, parece un chaval con ese peinado.

-Caballero, salga de mi casa. Acabo de descubrir que ha querido engañarme. No es un peinado. Es una peluca, ¿Ve?

-¿Cómo puede decir eso?¡Más a mi favor!”

El puto movil dictó sentencia  a los pocos segunos:

-“¡Es una estafa! ¿Quiere que avise a la policía urbana?”

Me sentí como un trilero; “¿dónde está el garbanzo, aquí o aquí?” .  Por eso me rapé el pelo y me dejé barba.

-Buenos días caballero.

-Buenos días. Quería pan.

-Ha venido usted al lugar adecuado.

-Ya lo creo. Ahora tengo mis dudas

-Le aseguro que nuestro pan es sólo pan. Cómo será que nuestro laboratorio….

-…sueco así lo atestigua. Sigue con la misma cantinela.La única diferencia es que sus panes no dan masajes ni previenen la calvicie. El movil lo cuenta todo, incluso que usted trabaja aquí. Así que deme un pan base.

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-¿Dígame una cosa? ¿Compró?

-¿Yo? No.

-¡Le he pillado!¡Compró! ¡Y por lo que veo mantiene su peinado!

-Se equivoca. Ahora es mi pelo. Las instrucciones lo dejaban claro: “potencia 4, movimientos en círculo…

-… de orela a oreja intentado abarcar toda la zona calva”.

-Muy bien, gañán. ¿Y cómo es que usted no siguió las instruciones?

-Son tres sesenta, caballero.

 

 

 

Pantone

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-Le cuento. Lo que usted llama pan blanquito es el de color Pantone 13-0942-TPG Amber Yellow. Lo que yo le digo es que tiene más sabor cuando el color es el Pantone P 42-6 C.

-No sé de qué me habla. Quiero un pan blanco, no quemado como estos que me ofrece. No sé si me explico, joven

-Se explica de maravilla pero este color no quiere decir que esté quemado. Es el Pantone 18-0840 TCX Tapenade.

-¿Me está tomando el pelo?

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-No, señora. Su pelo  es diferente, es el color Pantone 14-4102 TPX Glacier Gray. Un color que en cada cabello cambi…. OFF

-Disculpe, señora. Estábamos probando la telemería y espectrofotómetro de nuestro empleado frío.

-Empleado frío….

-Sí, con batería.

-Con batería. Ahora lo entiendo.

-Disculpe, no se moleste. Tendríamos que haberle avisado.

-Uy, qué va. Le decía que lo entendía porque el mío tuvo un problema parecido, se descalibraba solo. Me cambiaron la batería por una nueva de hidrógeno y no me ha vuelto a dar problemas.

-Tendremos que ir pensando en ello. Le haremos caso. Aquí tiene su pan.

-Pero este sigue siendo un Pantone distinto al que le he solicitado.

-Pues es el que tenemos.

-Por eso vengo. Porque siguen siendo diferentes. La respuesta es correcta. Humana. Me lo llevo.

-Son tres con sesenta.

-Color Pantone 360. Verde Eco. Buena elección.

– Jajaja. Qué cosas tienes, Peerretreintaycinco.